domingo, 5 de febrero de 2012

Desperdicio de alimentos

Lamentablemente, es así. Diaria, semanal y mensualmente las cantidades de alimentos que se tiran a la basura se cuentan por toneladas, ...y luego hacemos campañas puntuales para Africa!!
Poca conciencia, mala memoria, mala planificación, creencias erróneas, poco escrúpulo para derrochar, .... el caso es que tiramos de todo, en todo momento y en cualquier estado, hasta llegar a la conclusión que cada español tira al año 163 Kg., y en Europa se desperdicia 1/3 de los alimentos, es decir, 89 millones de Toneladas de alimentos en buen estado. En términos absolutos España es el sexto país que más comida tira después de Alemania (10,3), Holanda (9,4), Francia (9), Polonia (8,9) e Italia (8,7). Toda la cadena alimentaria es responsable de este derroche, desde la producción hasta la mesa, aunque son los particulares los que más desperdician, un 42% del total. 
Según un informe de Unilever Food Solutions avalado por la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR), el 60% de este derroche es producto de una mala previsión a la hora de hacer la compra, otro 30% se desperdicia durante la preparación de las comidas y solo el 10% es lo que los comensales se dejan el plato, es decir, los verdaderos desperdicios.
Otras variables como el "aspecto", las "fechas de caducidad", sobre todo en productos lácteos, y la "planificación" hacen que productos en buen estado acaben desechados, cuando en realidad son aptos para el consumo. ¿Cómo afrontar posibles soluciones? Primero desde el punto de vista ético, porque hay mucha gente que no tiene para comer; segundo, porque en dos décadas se ha duplicado el volumen de desperdicios y hay que ser socialmente responsables con el medio ambiente; y tercero, por razones económicas.
Un error muy frecuente, que también influye en que los particulares desperdicien innecesariamente, es confundir la fecha de consumo preferente con la de caducidad. La primera se refiere a la fecha en la que es recomendable haber consumido el producto y a partir de la cual pierde alguna de sus cualidades organolépticas (olor, sabor, vitaminas, propiedades) pero que sigue siendo comestible. La segunda indica el momento a partir del cual el producto podría estar en mal estado y suponer un riesgo para la salud. Un 18% de los europeos declaró no entender esta diferencia en una encuesta.
No son pocas las empresas, que conscientes del drama del hambre, han optado por donar sus excedentes en vez de tirarlos. La red de Bancos de Alimentos de España no dan abasto para gestionar la gran cantidad de alimentos que les llega: más de 90 millones de kilos en 2011, según la federación que los agrupa. “No estamos preparados para recoger todo, necesitamos más infraestructuras, camiones, cámaras de frío”, afirma el presidente del Banco de Alimentos de Madrid, Javier Espinosa.
Si destináramos también más fondos y estructura a gestionar los recursos incluso ya ha sido desechados, quizás entonces podríamos hablar entonces de otro tipo de consumo, más responsable.

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